El chat de La Zona de Pollagay

viernes, 18 de abril de 2014

Omar y el guardia de seguridad


¡Saludos pajilleros y morbosetes! Hace un par de días os dejaba con Omar y su polla uruguaya. Pues bien: este seguidor del blog ha querido nuevamente compartir con todos los visitantes de La Zona una foto de su rica verga, a lo que ha añadido, en el correo que me ha enviado, un espectacular relato a través del cual narra la experiencia vivida junto a un guardia de seguridad hace apenas unos días. Creedme si os digo que no tiene desperdicio, y que a mí, personalmente, me ha puesto bien cachondo ; P A Omar le gustaría que fuese publicado, y estoy encantado de traer su relato al blog. Aquí lo tenéis. ¡Muchas gracias Omar por querer compartir tu historia con nosotros! A todos los demás...: ¡disfrutadla!

EL GUARDIA DE SEGURIDAD

Ayer fue sábado. Como no tenía nada interesante para hacer acompañé a mi tío a un cine club del cual somos socios, fuimos a ver una vieja película de Rock Hudson y a la salida pasamos por una pizzería de la calle Ejido. Todo muy normal, sin ninguna apariencia de que esa noche que se presentaba lluviosa iba a tener mi ración de verga o de algo más.

Sin que imaginase nada de lo que mi destino me tenía preparado iba por una vereda de la calle Colonia cuando vi un coche de esos de esos que parecen de plástico. Hice un comentario sobre el estado ruinosos de ese coche el cual en cualquier momento se desarmaría. Sin darme cuenta detrás nuestro se detuvo un tipo con uniforme de guardia de seguridad, vivía en la pensión frente a la cual nos habíamos parado mirando el destartalado coche. Se metió en la conversación hablando con mi tío del coche ese que me había llamado tanto la atención.

En cinco minutos me enteré de toda su vida, pero fue tal el entrevero que hizo con su relato que no sé si nació en Ensenada o en un pueblo de Santa Fe, dijo que su madre vive en ese pueblo, su padre falleció y él se vino a probar suerte a Uruguay con el que está muy conforme porque lo que gana le da para pagar el hospedaje, vivir e ir a visitar a su madre.

Repentinamente se despidió dándonos la mano y después que lo saludamos, metió la mano en un bolsillo de donde extrajo una tarjeta, la cual me dio diciéndome que si necesitaba arreglos de electricidad o de sanitaria que lo llamase porque en sus horas libres hacía esos trabajitos extras. Le agradecí y seguimos nuestro camino, sin hacer ningún comentario de tan inesperado encuentro.

Dejé a mi tío en su casa y en el camino de vuelta hacia mi departamento fui pensando en lo interesante que estaba el guardia, no me encantaba mucho pero era bastante grandote como para satisfacer mi apetito de esa noche, pero el inconveniente era saber si él estaría dispuesto a complacerme.

Lo llamé con la excusa de que me pareció que no tenía amistades en Montevideo y lo invité a tomar un whisky o una cerveza, me contestó que recién se había bañado e iba a cenar antes de irse a dormir... Finalmente aceptó tomar una cerveza y le di mi dirección.

Aunque yo me había bañado en la mañana, por las dudas si había “fiesta” me di una ducha rápida lavándome muy sigilosamente mis partes bajas, tanto delanteras como traseras porque no sabía cuál utilizaría con Abel y si las utilizaría esa era la interrogante.

Cerca de la medianoche sonó el timbre de mi departamento, contesté y bajé a abrirle la puerta, me pidió disculpas por la demora, en realidad fueron unos quince minutos de la hora en que me dijo que terminaría de cenar. Serví las cervezas y no necesité de esa bebida para que Abel se pusiese a hablar, ignoro si siempre fue tan parlanchín o acá en Montevideo no tenía con quien hacerlo y cuando se le presentaba una oportunidad él no la desperdiciaba.

Antes de la una A. M. ya no quedaba ni una gota de cerveza en la botella de a litro por eso me levanté con la idea de ir a la heladera a buscar otra, cosa que él me impidió deteniéndome con su mano.

-No traigas más, hace calor pero esta cerveza helada me dio más. ¿Puedo desprenderme la camisa?

Muy tímidamente me dijo eso, asentí con la mano como diciéndole adelante y a los pocos instantes vi por la abertura unos deliciosos vellos rubios muy largos asomándose soberbiamente por la tela separada de su camisa. Me excitó ver esos vellos tan largos y no pude contenerme me senté a su lado y tironeé de ellos diciéndole:

-¡¡¡Que escondida que tenías esta pelambre!!!

Entre turbado y risueño Abel tomó mi mano antes que los soltara y llevándola a su entrepierna me dijo:

-Acá tengo más, ¿querés verlos?

La situación me estaba sirviendo al guardia en bandeja por eso en vez de contestar acerqué mi rostro al suyo y le di un tremendo beso en los labios, el cual fue correspondido y apretando su bulto pude sentir lo morcillona que se estaba poniendo su herramienta de trabajo.

Entre besuqueos me contó que él me había echado el ojo, porque me había visto pasar por la pensión donde él vive, pero como nunca lo había mirado no se atrevió a hablarme hasta ese día en que estaba parado con mi tío hablando de ese coche.

Fui acariciándole las nalgas por encima del pantalón. Cuando sentí que su verga bastante dura se apretaba contra la mía deslicé mi mano hacia esa protuberancia para palparla con toda intensidad. Él me soltó, comenzó a desprender los botones de la camisa dejándome ver el delicioso matorral que cubría su pecho, luego se quitó el cinturón dejándolo caer sobre la alfombra.

Su ombligo estaba oculto por esa inmensa vellosidad que cubría casi todo su cuerpo, pero cuando su bóxer fue deslizado hacia abajo me maravilló lo que asomaba por entre el matorral púbico. Allí vi un tronco de verga bastante grueso. Al correr mas su bóxer saltó un glande muy apetitoso. Su herramienta no era de esas comúnmente llamadas “tamaño baño”, pero su grosura hacía que cualquier buen mamador desease tener una buena gozada con ella.

Y fue lo que hice, con bastante dificultad porque mi boca tuvo que abrirse en demasía para recibirla, cosa que no me importó porque estaba gozando muchísimo al sentir como me taladraba la úvula y sentir sus gemidos cada vez que me la empujaba más adentro de mi garganta mientras yo trataba de encontrar con mis dedos el agujero anal entre la selva que lo ocultaba.

Sus gemidos aumentaron cuando mi dedo se alojo cómodamente tratando de distender su súper-apretado esfínter, pero una vez que comencé a excitarle la próstata por dentro casi eyaculó en mi boca porque pude sentir las contracciones de su verga por eso dejé de aplicarle ese tratamiento tan intensivo.

-Seguí, estoy por acabaaarrr...

-No quiero que acabes en mi boca, quiero sentirla dentro de mí...

Con un esfuerzo enorme su semen no salió hacia el exterior de su verga y fue entonces cuando me acomodó al borde de la mesa del comedor para empezar a lamerme el culo a toda velocidad. Ahora los gemidos eran míos, sentir su húmeda lengua acompañada de sus dedos tratando de distender mi esfínter me hacía gozar muchísimo no sólo por el placer que me estaba proporcionando sino por el extraño dolor que me arremetía cada vez que sus dedos penetraban en mi cavidad.

Fue fantástico sentir cómo tres dedos suyos entraban y salían a toda velocidad de mi ano y sentir al mismo tiempo como su mano recorría mi verga, pajeándome rápidamente cada vez con más fuerza. No tuve que pedirle nada, me abandonó para colocarse un condón y allí tirado sobre la mesa del comedor con las piernas en alto calzó su ariete en mi dilatado agujero arremetiendo hacia su interior con una moderada intensidad. La cual no duró por mucho tiempo ya que una vez que su glande forrado hubo pasado mi esfínter, Abel empujó con todas sus fuerzas insertándome toda su herramienta en el interior de mi recto.

Si algo había gozado con el tratamiento previo, allí empezó realmente lo bueno, ya que comenzó un mete y saca a toda velocidad, pero lo más desconcertante fue que él se agachó para chuparme la pija y lo hizo magistralmente. Que más podía pedir. Nunca me hubiese imaginado que Abel me iba a dar placer por los dos lados, ya que cuando su verga no estaba dentro de mí él se tragaba la mía con su boca para luego abandonarla en el momento que volvía a clavarme toda su herramienta.

Entre jadeos, ayes y otros sonidos propios de la excitación me derramé ayudado por su mano. Todo mi vientre quedó mojado por la inusual descarga que me produjo todo ese vaivén delicioso. Abel al ver como me retorcía de placer, me clavó más fuerte y pude sentir cómo su verga se agrandaba al máximo para luego expulsar su semen dentro de mí.

Noté que su descarga también fue muy abundante porque su verga no dejaba de pulsar dentro de mi recto, podía sentirla muy bien, hecho que casi me hace expulsar otra lechada. Lamentablemente con la primera mis reservas habían quedado agotadas.

Un rato quedó dentro de mí, hasta que su verga no se bajó no salió de mi interior dejándome esa sensación de vacío pero al mismo tiempo muy necesaria para tranquilizar mi excitación. Una vez que los ánimos se calmaron Abel me pidió otra cerveza porque había quedado sediento por el esfuerzo realizado y las bebimos desnudos sobre un sillón del living. No conversamos mucho, simplemente me dijo que la había pasado muy bien y que nunca se había imaginado que yo le iba a proporcionar tanto placer.

Finalizadas las cervezas fuimos al baño, mientras él se lavaba la pija en la pileta yo me lavaba mi agujero en el bidet el cual me lo refrescó un poco ya que me había quedado bastante inflamado.

Era bastante tarde cuando se fue para la pensión donde vivía, pero antes me dijo que cuando repusiese combustible volvería para tener otra sesión conmigo.

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